Arte
Cuando el
Espíritu
Se desvanece
Aparece
La
Forma.
(Charles Bukowski)
Pensar la vida como un sueño, terminar con el estado de vigilia y desencadenar el estado onírico del que habla Freud. Es la medula de la película de Sam Mendes con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.
Sus protagonistas Frank y April, una pareja norteamericana que se conoce en una fiesta cuya primera conversación se convierte en su delirio como esposos, padres, amantes y enemigos.
“Cuáles son tus sueños”, fue la primera pregunta de April para Frank. Él un joven que había ido a Francia vestido de militar y conocido gente viva allá, considera que hablar de sus sueños es una molestia y aburrimiento de mortales.
Con ese primer dialogo de los protagonistas se comienza a tejer el drama de sus vidas. Ella estudiante de actuación que busca sus sueños y él un hombre que no es feliz en su trabajo, pero aprende y se supera dentro de su ámbito laboral.
Un ámbito laboral conformado por hombres que diario toman el tren para llegar a la ciudad, vestidos de traje color negro o gris, con sombrero, portafolio y el periódico “Daily News”. Hombres que comparten un elevador atiborrado de colores sobrios y miradas sin inquietudes.
Es la sucesión de rutinas traslados masivos por tren del hogar al trabajo y viceversa, promesas de ascenso laboral, adulterios insípidos, simulaciones, mentiras, cigarros, bebidas, conversaciones estériles, homogeneidad en el vestuario y las conductas.
La rutina entendida como una costumbre arraigada o un hábito adquirido por mera práctica que permite hacer las cosas sin razonarlas. Significa que una rutina es un automatismo que podemos hacer mientras estamos pensando en otra cosa y nos convierte en seres sin preguntas frente nuestro hogar, trabajo o charlas.
Por lo tanto, la rutina de alguna manera nos impide ser conscientes del momento presente, es la práctica perfecta para encerrarnos en un mundo que no exige el sacrificio, porque la felicidad se sacrifica en la rutina de hombres mecanizados, con vicios que la misma rutina crea como el alcoholismo y el tabaquismo. Vicios propios del matrimonio Wheleer.
Resulta fatigoso terminar con la rutina porque para lograrlo tenemos que prestar atención a todo lo que estamos haciendo. En consecuencia algunos automatismos son necesarios para no volvernos locos.
La posibilidad de valernos de los automatismos hace que muchos extiendan esta actividad a todos los ámbitos de su existencia, porque es más cómodo, y eso si que es peligroso, porque quiere decir que como seres humanos ya hace rato que están muertos.
La muerte característica del ser humano que April describe como la perfección de la que goza Frank y por lo mismo merece estar vivo fuera de un ambiente laboral, organizado de forma apática donde todos comparten lo mismo para convertirlos en iguales.
Todos ellos tienen en el trabajo que les ofrece la empresa .500 de autopartes, la estabilidad necesaria para mantener una familia con hijos, niñera integrada, esposas en casas lujosas, a quienes sacar a bailar de vez en cuando para que convivan con los amigos de juventud.
Hay dos escenarios importantes en la película que en realidad son escenarios comunes de la vida cotidiana, donde nos desenvolvemos. Uno es la casa y el otro la oficina.
En estos dos grandes espacios hechos por las relaciones afectivas o de interés por hombres y para los hombres son el núcleo de los chantajes y negocios constantes de Frank y April.
Frank en su casa con April se enfrentaba continuamente a los sueños que ella tenia, a sus ganas de huir con planes no sé si inmaduros pero si egoístas, donde ella se convertía en el centro de existencia, es decir, la persona que dominaba y lograba ser feliz.
Las discusiones que tenían por la indiferencia y conformidad que demostraba Frank a la vida, eran producto de la inconformidad que tenia April con su vida, con su aislamiento a la vida laboral, por eso, ella buscaba en Francia trabajar como secretaria de alguna dependencia institucional, mientras Frank por decisión de April buscaba su felicidad.
“Buscar la felicidad”, es la frase que April repite en Frank y hace que él la adopte como justificación en los planes que tiene April en Francia para ella, Frank y sus hijos. Buscan los dos dar un salto en sus vidas y formas de pensar, dejar atrás la rutina y el confort estandarizado, abandonar amigos, tomar un barco y probar fortuna en París.
Paris como el emblema de una liberación compartida, donde leer, escribir y sentir, para cumplir finalmente ahí algún sueño de juventud, imposible de realizar en el universo robotizado en el que se desarrolla Frank y arrastra a April para condicionarse.
El siguiente personaje importante de la película por el tipo de discurso que maneja entre los protagonistas es el matemático, el hijo de la señora que les vendió la casa y define al matrimonio Wheleer como el matrimonio màs agradable y vivo que ha conocido.
El matemático un hombre con severos problemas mentales, recién salido del manicomio, se transforma en la conciencia cómplice y perturbadora de la pareja, el único ser capaz de entender, con lucidez delirante, el “vacío desesperanzador” que los acecha y del que infructuosamente intentan huir.
El vacio desesperanzador que describe Charles Bukowski en sus cuentos y novelas, con personajes precarios con trabajos que solo sirven para solventar gastos, en un ambiente podrido, sin sueños, lleno de desesperanza, alcohol, sexo y cigarros.
El matemático quien cuestiona con mayor agudeza el tránsito del matrimonio de una normalidad precaria al desequilibrio absoluto, del amor conyugal al desprecio, del envalentonamiento romántico a la humillación y la derrota.
La película proyecta los claros oscuros que se pueden apoderar de un hombre pusilánime y de una mujer paulatinamente desconectada de la realidad que le rodea. Nos presenta la indiferencia como otro sentimiento propio del ser humano que ha dejado de tener ganas de vivir y sentir con April y nos hace cuestionarnos:
¿Quién dice que las madres deben querer a sus hijos? En el momento que April considera a sus hija mayor un error, al segundo la confirmación del error y el tercero su enemigo para lograr su sueño en Francia y el obstáculo a su felicidad.
Finalmente para complementar este cuadro de neurosis y confirmar que la salud mental no existe la película nos enseña al matrimonio amigos de los Wheleer. Un matrimonio nervioso en sus actitudes de comunicación, resentido con los Wheleer y feliz dentro de sus precariedades emocionales de sentimientos.
La película nos proyecta la construcción del trabajador post fordista de la mujer de esa época, sus nuevas relaciones de convivencia y las preguntas a las que hoy día se enfrentan las parejas jóvenes que viven cerca por sueños inacabados en una realidad rebasada por la tecnología y el trabajo.
El trabajo como una relación de rutina, donde la mayoría de las veces solo se comparte la cama para dormir pocas horas, porque cuando uno llega el otro se esta preparando para despertarse e irse a trabajar.
Es una visión de matices dramáticos, la catarsis del exceso y la estridencia en las relaciones de pareja. Es el llanto el consuelo de amores neuróticos, con psicosis que constituyen a las parejas urbanas inmiscuidas en el trabajo y frustraciones del entorno.